2 de mayo de 2015

Nuevo Hogar

Visita mi nueva pagina: www.keilaochoa.com
Allí estaré publicando de ahora en adelante, pero por otro rato tendré este blog. ¡Gracias por visitarme!

10 de diciembre de 2014

Revistas....

Extraño recibir revistas en casa. De niña, mi abuelita me suscribió a una revista infantil llamada Highlights. Solo la recibí un año, pero ¡cuánto la deseaba! Y cuando llegaba, la devoraba aún cuando mi inglés era muy limitado.

Más adelante recibí la revista TEEN. Me parece que fueron dos años de mi adolescencia en que leí sobre moda, los programas del momento y tips de belleza. ¡Cuán grato era esperar al cartero! ¡Cuánta emoción saber que la revista había llegado!

Después heredé revistas usadas de mis abuelos, y aún recibo algunas revistas de una querida tía que guarda para mí esa serie de historias románticas que ella lee primero. Pero echo de menos aquellos días.

Si se vale soñar. Me gustaría seguir recibiendo revistas cada mes, una para mi esposo, algunas para mis hijos, otras para mí. Pero revistas con buen contenido, con cosas interesantes. Revistas que hagan pensar, que hagan suspirar, que provean sana diversión. ¿Sugerencias?

Nota: La foto muestra una de las revistas que recibí en mi niñez. ¡Aún la recuerdo!

2 de diciembre de 2014

Mi primer árbol de Navidad

Este año hemos puesto árbol de Navidad en casa, el primero desde que estoy casada. No lo hicimos antes porque no teníamos espacio, pero ahora que podemos, los hemos adornado con esferas y moños. Los niños ayudaron, y además, les gusta mirar las luces encenderse y apagarse.

Pero algo sé: durante cuatro años no tuve árbol de Navidad y no pasó nada. Es decir, la Navidad no fue menos Navidad, ni mucho menos. A veces, simplemente, no se puede. Y así me siento con el blog. Lo tengo descuidado; poco escribo en él. No por eso he dejado de escribir, pero a veces las horas libres las utilizo para otras cosas.

Cuando el tiempo sea propicio, volveré a este espacio. Mientras tanto, aquí está para los que gusten leer cosas del pasado. Cuando llegue el momento oportuno, volveré a publicar con más constancia por este medio.


9 de junio de 2014

El panteón inglés

Uno de los sitios más visitados en el Real es el panteón inglés. Es un cementerio, no más, pero ahí están las lápidas e inscripciones que ha quedado como un silencioso testimonio de la vida de los ingleses en el Real.

En este sitio encontrarán mucha información al respecto.

Novela: Peregrina

Pueblo Mágico: Real del Monte

La peor desgracia sucedió cuando al mismo señor Penberthy le robaron la nómina para la mina. Liza lamentó la desgracia y rezó por la protección de los ingleses cada noche desde ese día.

Sin embargo, el entierro al que acudió no fue de un herido por las luchas políticas o la situación social del Real, sino por una fuerte fiebre que llevó a la gloria a uno de los nietos Pascoe. Liza, quien apreciaba a la señora Pascoe, se unió a la procesión que entonaba himnos metodistas rumbo al panteón que se ubicaba en lo alto de una colina. Hacía mucho que Liza no pisaba el panteón. Desde que se marchara a la ciudad de México no había tenido oportunidad de hacerlo, así que se admiró de la puerta de hierro que habían construido con la inscripción: “Bienaventurados los muertos que mueren en el Señor”.




5 de junio de 2014

Las minas del Real

El Real debe su razón de ser a las minería. Las minas dieron sustento y propósito al pueblo que se fue forjando alrededor. Hoy se puede visitar una mina en el mismo Real. Visita esta página.

Novela: Peregrina

Pueblo Mágico: Real del Monte

—Buenos días, señorita Francis.

Los ingleses la saludaban con suma cortesía en tanto Liza recorría la entrada de la mina del brazo del doctor Roberto. El mismo señor Chambers la había escoltado, y lamentó que Katherine no se sintiera repuesta como para acompañarla. Isabel corrió al lado de su padre, y se admiró de la enorme torre de ladrillo que identificaba la mina desde otros puntos cercanos.

El doctor Roberto le mostró una nave principal donde vivían unos cuantos mineros. La mayoría se hospedaba en el pueblo. Isabel quiso ver las calderas, pero el señor Chambers exigió cautela así que solo se asomaron de lejos. En eso, el corazón de Liza dio un vuelco. Henry Adams, en camisa y sudando, engrasaba una máquina. De pies a cabeza traía manchas. Contempló al doctor Roberto, pulcro y elegante, y sin lugar a dudas más apuesto, pero sus ojos volvieron al señor Adams.

Él sintió el peso de su mirada pues elevó la vista. Al principio esbozó una sonrisa, pero de inmediato se tornó serio. Liza recordó la advertencia del señor Chambers. Había constatado la veracidad de sus palabras. En el Real había siete mujeres inglesas, cinco casadas, y Rose y ella como solteras. Por el contrario, podía enumerar una veintena de hombres solteros, de edades variadas, que presumían su procedencia de Cornwall.

Entonces reparó en los mineros. La mayoría eran indígenas, de tez oscura y morena. Vestían pantalones de manta, camisas delgadas y traían los pies descalzos. Liza los veía entrar a la boca de la mina y salir de ella cargando baldes con piedra, la que depositaban en los carros que ya fuera por aire o por mulas serían transportados a las haciendas donde se extraería la plata.

—Doctor, un hombre ha caído.

El médico se disculpó y se perdió en la boca de la mina. Liza se quedó paralizada en su lugar. Las minas provocaban en ella sentimientos diversos. Por una parte, le recordaban a su padre, un hombre lejano y misterioso al que poco conoció. Esa parte de su vida le transmitía nostalgia y una sensación de vacío. Por otro lado, las minas le deletrean el sustento. Ella misma había hecho lo que se realizaba en las haciendas, separando y buscando el preciado metal.


2 de junio de 2014

El frío de las montañas

Real del Monte es un lugar frío, muy frío. Se dice que es el pueblo más alto de México. ¿Qué les espera ahí? Niebla, lluvia, poco sol. Quizá por eso los mineros ingleses se sintieron como en casa. Tal vez por eso su arquitectura quedó tan bien allí.

Novela: Peregrina

Pueblo Mágico: Real del Monte

El corazón de Liza latió con rapidez. Arribaban a su nuevo hogar, y lo que había visto en el trayecto no la había preparado para la escena. Atrás quedaron los pasajes desérticos repletos de cactus para dar paso a montañas pobladas de encinas y pinos, rodeados por flores brillantes que competían con el cielo azul. Isabel pidió que le permitieran observar todo, así que Liza cambió de asiento con el doctor, quien dormitaba debido al insomnio que lo visitaba por las noches pues continuaba algo indispuesto del estómago.

Desde su nueva ubicación, Isabel contempló las cabras que trepaban por las rocas y observaban a los viajeros desde sus miradores. Henry Adams se contagió del entusiasmo de la niña y señaló los arroyuelos que saltaban de roca en roca. El señor Chambers pidió que detuvieran el transporte. 
Cuando Liza descendió del vehículo sus piernas se tambalearon. Había permanecido largas horas cargando a Isabel, por lo que la circulación le faltaba. El grupo contempló desde lo alto de una colina el valle donde posaba el Real. El señor Adams apuntó con alegría las inmensas torres por donde el humo de las máquinas de vapor escapaba hacia el firmamento; nombró cada una de las minas con orgullo y Liza admiró las torres de los templos y los techos rojizos de las pocas casas que rodeaban el centro. En los cerros aledaños se vislumbraban las chocitas de los indios, que parecían estar suspendidas en los acantilados, y Liza se preguntó cómo se verían por dentro. ¿Qué muebles tendrían? ¿Cómo vivirían? ¿Estarían finalmente en la Ciudad Celestial?

—Estamos en el corazón de las montañas —suspiró Katherine.

—Se dice que vivimos en el sitio más alto de México, señora Chambers. Por eso hace mucho frío —le indicó Henry Adams.

El señor Chambers pidió que todos volvieran a sus puestos. La diligencia avanzó por las empinadas cuestas rumbo a la plaza central. Liza percibió que los indígenas andaban con gruesas capas que el señor Adams denominó jorongos, e incluso los mismos ingleses traían gruesas capas y chaquetas, así como sombreros mexicanos que los protegían de la lluvia. Tal como el señor Adams predijo, Real del Monte los recibió con una lluvia ligera. La pobre Rose lloró de tristeza al contemplar el paisaje.

—Dejé Inglaterra porque detesto el frío, y ¡mira! —se quejó con Liza.


—Yo debo ir a la mina —les explicó el señor Adams—, pero el comisario y su esposa los esperan para almorzar.


29 de mayo de 2014

Pastes: fusión inglesa y mexicana

En mis novelas he tratado de retratar y rescatar la belleza de los Pueblos Mágicos de México. El 11 de junio a las 6:00 p.m. se presenta mi novela PEREGRINA en la Casa de Cultura de Real del Monte, así que pensando en ello, en las siguientes semanas les regalaré algunos fragmentos acompañados de enlaces que pueden visitar para conocer más.

La comida siempre es un aspecto importante en cualquier cultura. En Real del Monte se fusionaron los "pastries" que comían los mineros provenientes de Cornwall con la cocina mexicana, y hoy se conocen como pastes, unas empanadas rellenas de mole rojo o de manzana, aunque la variedad es extensa.

Cuando se viaja a Pachuca o al Real, uno encontrará muchos negocios que ofrecen pastes. Hay que probarlos para entender de lo que estamos hablando.

Novela: Peregrina

Pueblo Mágico: Real del Monte

Liza despertó con los ojos hinchados de sueño. Para su buena suerte, era domingo y no trabajaría en la mina. Algunas chicas acudirían para continuar con el muestreo y ganarían dinero extra, pero algunas contaban con su día de descanso, y Liza había provocado cierta compasión en el supervisor quien decidió que tomara un día más para recuperarse.

En la cocina preparó unos pastes mientras su madre bordaba los pantalones de su hermano Tomás, el menor. Liza contaba con cinco hermanos. Ella era la penúltima, pero al no ser varón, el orden en la familia no importaba gran cosa. Serían seis si Marta no hubiera ido al cielo antes que el resto. Liza lamentaba su pérdida. Marta había sido como una madre para ella. Con sus otras hermanas, Ana y Cristina, no conversaba tanto. Ellas, al laborar en la misma mina, compartían secretos y confesiones. De hecho, ambas traían unos enamorados. Las había escuchado mientras ellas cuchicheaban bajo las cobijas, y Ana ya hasta pensaba en fugarse con él.

—¿A qué hora bajará Tomás? Quiero medirle el dobladillo —susurró su madre sin despegar la vista del pantalón.

Sus dos hermanos descansaban durante el día del Señor, y solían levantarse hasta medio día. Ana y Cristiana decidieron ganarse un dinero extra, así que Liza concluyó que iría sola a la Escuela Dominical.

Los pastes simulaban pastelillos individuales rellenos de carne y verduras. Cada uno pesaba alrededor de dos libras, según le enseñó su madre. Mientras Liza preparaba cada uno, ponía ciertas marcas en una esquina para identificarlos. Ricardo prefería que sus pastes no llevaron cebolla; Tomás detestaba la patata; Ana siempre añadía un poco de col. De ese modo, cada miembro de la familia sabría qué pastes le pertenecían.

Mientras los pastes se horneaban, Liza buscó su tarea. Aunque tiempo atrás había finalizado su instrucción en la Escuela Dominical, pues ya sabía leer y escribir, deseaba perfeccionar su caligrafía, por lo que la señorita Penélope le encomendaba diversos ejercicios.

—Huele bien —anunció su madre.


Liza sacó los pastes del horno y se felicitó. Lucían quebradizos y desmenuzables, tal como un paste debía ser. Una vez que la comida estuvo lista, Liza se amarró un chal alrededor del cuerpo y caminó rumbo al pueblo donde estaba la iglesia metodista. 

Para saber más de los pastes: visita aquí.


26 de abril de 2014

Este Día del Niño regala...

¡Libros!

Les compartimos algunos favoritos en casa donde hay niños menores de 3 años.

Anthony Browne. Nos gusta: "Mi papá", "Mi mamá" y "Cosas que me gustan". Lindas ilustraciones, bonitas frases, cosas que se identifican con los más pequeños.

Oliver Jeffers. Nos encanta ese niñito de cara grande con su pingüino. Con ellos hemos ido a la luna y de regreso. Hemos investigado porqué el pingüino no puede volar. Hemos comido un libro. Aún nos falta descubrir al alce y a los crayones que decidieron renunciar, pero vamos poco a poco. No hay prisa.

Keiko Kasza. Una nueva favorita. Sus historias son bellamente ilustradas, pero apreciamos sobre todo su sentido del humor. "Mi día de suerte", "Una cena elegante", "Una mamá para Choco" son algunos títulos de esta autora. Si alguien quiere regalarle algo especial a Ibrahim, piense en Keiko o en Oliver Jeffers.

Finalmente, disfrutamos los clásicos: La liebre y la tortuga, Los Tres Cochinitos, pero apreciamos mucho el arte en los libros infantiles. Así que, papás, abran los libros, si a ustedes les gustan las ilustraciones, a sus hijos también les fascinarán.

Y aquí está el favorito del momento:


25 de marzo de 2014

Mamá cansada

Soy una mamá cansada que de vez en cuando se detiene y se pregunta cuándo volverá a sentir energías como las de aquellas épocas pre-dos-hijos-menores-de-cuatro-años. Por lo mismo, leo libros sobre el tema, escucho consejos y trato de dormir en ratitos.

Pero como suele suceder, Dios me sorprende y me hace leer Éxodo 33:14:
Y él (Dios) dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso.
¡Qué promesa! Dios irá conmigo. Dios me dará descanso. Pero entonces leo lo que Oswald Chambers dice:
Dios nunca tiene prisa, y su dirección es tan rigurosa y tan sencilla, tan dulce y satisfactoria, que sólo el espíritu de niño puede discerniría. Pero ésta es la meta: Dios mismo. 
Dios no tiene prisa. No tiene prisa en moldearme, ni en darme el descanso de la forma que yo creo necesitar. Dios no tiene prisa de ayudarme a ver, después de cada caída, que lo que necesito no es ser mejor mamá, o mejor escritora o lograr cientos de cosas, sino él mismo.

Cuando creo que por fin entiendo un poco más de Dios, él me confunde con una vereda que yo no imaginaba. Cuando creo tener todo bajo control pasan cosas que me muestra que yo no puedo hacer nada por mí misma.

Como dice Oswald:
Dios, con su divina dirección, destruye ese terrible obstáculo de tomarnos demasiado en serio.
Me tomo demasiado en serio como mamá, como escritora, como perfeccionista. ¡Ah! ¡Quiero descansar! Gracias a Dios, él me ha prometido descanso, no
la plácida paz del estancamiento, sino el descanso del movimiento perfecto.
Ese movimiento que me lleva a él. Ese movimiento que me recuerda que no me debo tomar tan en serio. Ese movimiento que me recuerda que él va conmigo, y me dará descanso.

 

19 de marzo de 2014

Dios y yo; Dios y tú

Una frase me persigue desde joven: "¿Y qué a ti? Sígueme tú". Me impacta tanto, que en algún campamento años atrás, compusimos un canto con dicho lema.

Resulta que en mi pequeño cuadro de referencia trato de meter a un Dios grande y poderoso y concluir por lo tanto que:
1. Dios actúa en la vida de otros como en la mía
2. Las cosas deben ser como las ven mis ojos

Por supuesto que caigo en errores que me desaniman y me hacen tropezar vez tras vez. En mis lecturas personales, llego entonces a uno de mis autores preferidos, Oswald Chambers, y leo lo siguiente:
Si permito que Dios me enseñe a caminar en su voluntad, le permitiré a mi prójimo, al que amo como a mí mismo, la misma certeza, aunque su camino parezca tan diferente al mío.
Entonces comprendo que, por ejemplo, para decir algo, la ficción es bastante útil. Resulta más alentador narrar una historia sobre cómo un personaje encontró a su pareja, que tratar de redactar reglas, consejos o principios para encontrar un esposo. ¿Por qué? Porque la variedad de respuestas y tramas que Dios puede crear es tan infinita como su misma persona.

Jamás terminaré de conocer a Dios, pero eso me da mucho trabajo de por vida, y al mismo tiempo, me da la oportunidad de sentarme y observar su creatividad en la vida de cada persona que voy conociendo en mi peregrinar. ¿Conclusión?

Tu camino puede ser muy diferente al mío, pero ¡camina en la voluntad de Dios y todo estará bien!

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