14 de noviembre de 2009

Divagando sobre aquella boda

Escribo esto unos días antes de mi boda. Lo dejaré programado para este día y esta hora. Si Dios lo permite, en estos momentos me estaré casando; pero solo Dios sabe si así será, pues Él está en control de los eventos y los tiempos, pero a Él le he confiado mi vida, así que me siento en paz.

Sin embargo, divago en las bodas y en las novias y en los vestidos blancos. ¿Cómo me siento a unos días del gran día? Agradecida. Agradecida porque estoy consciente y segura que no merezco esto. No merezco el amor de tantas personas; no merezco el amor de mi prometido; no he hecho nada para ganarme un momento como el día del hoy.

Quizá alguien piense que me doy golpes de pecho. Pero si preguntamos “¿por qué yo?” cuando nos va mal, ¿por qué no preguntarlo cuando nos va bien? Y la realidad es que la respuesta para ambas situaciones es: “así lo quiere Dios”. Y finalmente, todo es por gracia.

Sí, por gracia sufrimos (porque eso nos purifica), por gracia celebramos (porque eso también nos purifica). Y en los momentos de dolor y de supremo gozo podemos decir como Ricardo Montaner: “Esto también pasará”. No siempre estamos arriba en la Montaña Rusa; ni los valles duran para siempre. La vida está llena de altos y bajos. Y en ambos, lo mejor es la gratitud.

Insisto: es por gracia que recibimos las bendiciones de Dios, y eso lo sabe una novia. Y me voy un paso más allá, donde quisiera detenerme. Un día, habrá una novia a la que se le concederá vestirse de lino fino y resplandeciente. Pero esa novia se mirará en el espejo y se le humedecerán los ojos. ¿Por qué? Porque estará muy consciente de que no merece esas vestiduras blancas.

Recordará las muchas veces que engañó al novio; las muchas veces que le despreció con sus acciones; las muchas veces que se acostó con los enemigos de su futuro Esposo. Así es, me refiero a la iglesia, una que ha manchado el nombre de Cristo. Una que ha adulterado con el gobierno, que ha herido a los más débiles, que no ha mostrado compasión, que ha sido avara (solo buscando dinero), que ha escandalizado a la sociedad con palabras como aborto, homosexualidad, pedofilia, poder, vicios, guerra, calumnias, asesinatos y complots.

Y aún así, se le concederá vestir de lino fino. ¡Eso es gracia! ¡Eso es amor! ¡Eso es perdón! El novio más santo y perfecto de pie, aguardando a su esposa. La esposa, sí, esa esposa que tanto le lastimó y le hizo llorar, vistiendo de blanco, radiante, hermosa; y no por sus propios méritos, sino por el amor incondicional de ese Esposo que lavó los vestidos corruptos y sucios de esa novia con su sangre.

¡Qué día será aquel! ¡Qué boda será aquella! Una novia resplandeciente, y poco merecedora de tanta bondad. Y hoy yo gozo una pizca de esa gracia, a pesar de ser como soy y de no ser lo que debo ser. Hoy a mí se me concede —si Dios lo permite— saborear un poquito de ese gran día. Aún así, anhelo, con todo el corazón, aquella otra boda donde aquella novia lucirá radiante y hermosa, perdonada y limpia por el sacrificio de su Amado.

10 de noviembre de 2009

Adiós, Tacu


Hasta ahora me puedo sentar a escribir, aún cuando la despedida oficial fue hace una semana. No puedo negar que lloré y que el nudo en la garganta comenzó desde temprano. Pero ¿qué más podía hacer?

He crecido en ese lugar por más de treinta años. Allí nací, conocí, aprendí; allí sufrí, disfruté, compartí. Mis recuerdos están con las personas, la riqueza verdadera. Las casas y los autos, el dinero y las posesiones no se pueden comparar a los amigos, los conocidos, los familiares.

Y por eso me conmuevo. Porque no dejo un lugar geográfico o un lugar de reunión, sino que dejo —geográficamente— a mi familia. Una familia compuesta por mis padres, mis hermanas y mis cuñados; tíos, tías y primos; pero también comadres, amigos y hermanos en la fe.

Tacubaya significa mucho más que cuatro paredes ubicadas en la delegación Miguel Hidalgo. Implica un grupo de personas a quienes amo y aprecio, con las que he compartido y llorado, reído y cantado. Gente que me ha visto crecer, que me ha visto madurar, que me ha apoyado.

Somos una familia, lo sé. Y sé que encontraré una nueva familia en mi futuro lugar de residencia, lo cual implica que mi “familia” solo crecerá, se ampliará, aumentará. Pero aún así duele saber que ya no nos veremos a los ojos cada domingo.

Aún así, mi oración es que los lazos se estrechen, y no que no desaparezcan; que la tecnología nos preste sus beneficios y seguimos en contacto; que nos visitemos y nos recordemos con cariño.

Finalmente, me queda la esperanza que un día nos reuniremos nuevamente, la familia completa, y tendremos mucho tiempo para convivir, conocernos y aprender aún más.

Por lo pronto, solo quiero decir: gracias. Los amo y los echaré de menos.

30 de octubre de 2009

Ensalada


Rutina. Noche tras noche. Seis de la tarde. Se abre el refrigerador y se sacan los ingredientes. Lechuga de una bolsa re-sellable, pimientos, tomates, un aguacate, tres botellas de aderezo. La tabla de picar. Se reparte la lechuga en tres platos. Se baña del aderezo elegido: césar, ranchero, italiano. Se retoca con pimientos, aguacate, trozos de tocino o pollo.

Luego frente a la tele, una película o un programa policíaco grabado. Una rápida oración y el crujir de la ensalada entre los dientes. Un dejo de nostalgia por mi hogar, una paz contenida después de un día de trabajo, un descanso mental al hundirse en ficción detectivesca. Un ritual de ensaladas. Un recuerdo que me roba una sonrisa.

28 de octubre de 2009

La palabra es para todos

De repente suena a amenaza: “Vamos a enseñar a otros a escribir, a crear cuentos, a inventar historias”. ¿Y qué de mi oficio? Si todos aprenden a novelar, a fantasear y a plasmar locuras sobre el papel, ¿quién comprará mis libros? Pero una frase de Gianni Rodari me tranquiliza: “La palabra es para todos… No para que todos sean artistas, sino para que nadie sea esclavo”.

¡Qué liberador! El ser humano que encuentra en la palabra un modo de expresarse, quien al leer se identifica con el género humano, quien al narrar historias halla soluciones, jamás será esclavo.

Por eso Jesús dijo: “La verdad los hará libres”. La verdad, la palabra, la expresión. Por eso digo —después de reflexionarlo— que todos debemos aprender a crear, a fantasear, a novelar, a inventar historias…

26 de octubre de 2009

El reto Special K


Dice el comercial que si desayunas y cenas Special K durante 2 semanas bajas 6 libras, es decir, casi 3 kilos. Leí que una chica bajó 5 kilos en un mes, y eso porque los fines de semana se dio permiso para comer de todo.

¿A qué viene el comentario? Algunas personitas que me leen comprenderán perfectamente que nos quedan tres semanas, ¡tres semanas!, para que el vestido nos quede o nos cierre el traje o nos ajuste bien la guayabera.

Así que, con o sin Special K, más bien se trata de cuidarnos para que ese día nos sintamos especiales y un poco más delgados. Aún así, no hay que agobiarse. Me pongo a pensar (o a divagar) en que lo mejor es prepararnos en el corazón para el gran día.

¿Mi oración? Que ese día no se asome doña Hipocresía, ni don Odio, mucho menos doña Depresión o don Enojón. Que solo abunde el fruto del Espíritu, pues lo demás (aún esos kilitos extras) son superficiales cuando nos une el verdadero amor.

Pero… no nos caería mal un poco de disciplina alimenticia.

Por cierto, como comentario final, mi Brisita cubana nos apodó Special K a Karen y a mí. Las dos nacimos un 13 de junio de 1975, nos fascina leer y escribir, y ella se casó en noviembre. ¿Coincidencias? Yo diría ¡bendiciones!

15 de octubre de 2009

Divagando sobre bodas



Lo debo contar. Mi hermana menor ya se casó. Es la primera boda de la familia, así que tiene un significado especial. Me vienen muchos pensamientos a la mente, pero sobre todo gratitud.

Gratitud porque ella encontró a su esposo.

Gratitud porque Dios ha sido bueno con mi familia.

Gratitud porque mi otra hermana y yo ya tenemos una pareja.

Gratitud porque Dios es quien coordina todo, a final de cuentas.

También divago. (Porque sigo yo en la fila de casorios).

¿Por qué casarse si hay tantos divorcios? Porque también hay historias de fidelidad, como la de mis propios padres, y creo en el compromiso.

¿Por qué hacer una fiesta con invitados si puede ser una ocasión privada? Porque tenemos mucha gente alrededor que ha sembrado en nuestras vidas y queremos compartir con ellos nuestra felicidad.

¿Por qué gastar si podemos ahorrar? Aclaro que ni mi hermana ni yo despilfarramos dinero, pero sí hemos hecho ciertos gastos para agasajar a nuestros invitados. Creemos que más bienaventurado es dar que recibir.

Divago, agradezco, y me voy (por ahora). Ya falta menos.

12 de octubre de 2009

El fuego del amor


Me gustó la película “A prueba de fuego”, pero no pretendo hacer una reseña exhaustiva de ella. Lo han hecho en otras páginas, y basta con leer unas cuantas. Lo cierto es que toca temas profundos sobre el matrimonio y el amor, y me hizo meditar en varias cosas que quiero compartir.

Requiere trabajo mantener un matrimonio a flote. No se trata solo de casarse y esperar a que el final feliz se desenvuelva frente a uno. Requiere constancia, dedicación, esfuerzo, trabajo, como todo lo bueno en la vida.

Se requiere de dos, pero uno debe dar el primer paso. Así como para todo pleito se necesitan dos, también para la reconciliación. Pero ¿quién da el primer paso? Lo importante es hacerlo.

Se requiere de humildad y aceptación. De rodillas se logra una mejor comunicación que de pie. La película nos muestra que no podemos dar amor, si no conocemos el amor. Y el amor más grande del mundo nos enseñó a humillarnos.

Se requiere de ayuda externa. En la película se trata de los padres del esposo, pero bien podrían ser un par de amigos, hermanos o primos, incluso una pareja de vecinos. Con ayuda, todo es más fácil.

Una película interesante, profunda, emotiva. Una película que nos recuerda el poder del fuego, uno que puede destruir o uno que puede revivir al desfallecido.